martes, agosto 01, 2006

Nube negra

La vida es un filo. La línea que separa el éxito del fracaso es tan fina que a veces resulta imperceptible. Lo que hoy va bien, mañana puede ir mal. Lo que hoy va mal, eso sí, mañana irá peor: esa ley suele ser irreductible, a menos que te juegues las vísceras en el intento. Unas vísceras que a veces nos piden huír. Unas vísceras que a veces nos gritan pidiendo muerte, piediendo olvido, pidiendo el golpe de gracia. Unas vísceras que hemos acostumbrado a hacer sufrir, a hacer llorar, a hacer gozar...
A veces los abismos marcan el camino, se imponen en la ruta del mañana. El explorador que llevamos dentro decide: caer o no caer, esa es la cuestión. Tremenda disyuntiva para un sólo ser, pero mucho peor para un par de corazones. Si uno cae el otro no escoje, pues mirar o caer no debe ser tan diferente. Mirar es caer, por dentro, pero con un impacto más duro...
Esperar o no esperar, otra terrible disyuntiva. ¿Alternativa o esperanza? ¿Recurso o ilusión?
El camino, los claros y los prados. El camino, los hoyos y las nubes...

Cuando busco el verano en un sueño vacío,
cuando te quema el frío si me cojes la mano,
cuando la luz cansada tiene sombras de ayer,
cuando el amanecer es otra noche helada.
Cuando juego mi suerte al verso que no escribo,
cuando sólo recibo noticias de la muerte,
cuando corta la espada de lo que ya no existe,
cuando desojo el triste racimo de la nada...
Sólo te pido que me esperes al otro lado de la nube negra,
hayá donde no quedan mercaderes, que venden soledades de ginebra...
Al otro lado de los apagones, al otro lado de la luna en quiebra,
hayá donde se escriben las canciones, con humo blanco de la nube negra...
(Joaquín Sabina, Nube negra)

sábado, julio 22, 2006

El mar

Aquel que nace en el mar respira diferente. Aquel que lleva el mar en la sangre vive marcado por las olas, la espuma y la sal. Es como un cordón umbilical con la libertad, es como un hilo invisible que se tensa cuando te alejas pero que siempre te hace volver.
El que nace cerca del mar sufre cuando no lo ve, se afixia, se agota, se consume. No es una reacción inmediata, pero sí un sentimiento que se va aporderando del ser. Cuando te alejas del mar te secas, quizás no por fuera, pero sí por dentro.
Aquel que nace en el mar lo ama. Ama su presencia, ama sus horizontes, ama su aroma y lo necesita. Aquel que nace en el mar se alegra siempre que ve mar, sea el que sea, sea donde sea.
El mar puede ser calma, pero también fúria. El mar puede ser benévolo, pero también traidor. El mar es cambiante. El mar está lleno de matices, de colores; según como brille el sol, según como brille la luna, según como silbe el viento.
Si has nacido en el mar los sentimientos se relacionan con agua. ¿Qué es para ti la tranquilidad? La tranquilidad es estar tumbado sobre los pequeños cantos rodados de la orilla de una solitaria y minúscula cala menorquina, en soledad y sintiendo el leve vaivén de las olas sobre tu piel, mientras sólo se oye el casi imperceptible crujir del agua con el todo mientras hablan las gaviotas.
El mar inspira. El mar ofrece fotografías increíbles. El mar.
Ocaso
La arena me grita ¡Libertad!. El mar me increpa desde lejos. Se cae el horizonte rojo sobre mis párpados. El sol ha abandonado hace tiempo su lugar y amenaza con desaparecer. En su camino ha dejado brisa y bruma. Huele a sal. Las gaviotas ya casi no hablan y los árboles desprenden su esencia. Lloran los troncos de los pinos y se recogen las encinas. Las rocas magulladas piden clemencia a Poseidón, pero este desoye las plegarias. El castigo aumenta y la espuma baila sobre el cristal. El gris y el blanco aparecen desde los adentros borrando el azul. El verde ya marchó, dolido y perdedor. La luna hoy no se atreve y el faro condena al día.